En una entrada anterior, hablábamos del potencial de los imanes personalizados como elementos publicitarios, para los que el soporte es nuestra propia nevera y cuya cantidad de impactos (visualizaciones) se multiplica en por las veces que nos acerquemos al frigorífico.
En ese mismo post prometíamos hablar de su diseño ideal.
Pues como nos lo habíamos imprimido en un imán y lo habíamos colocado en el frigo, lo hemos recordado.
El imán, como cualquier otro artículo promocional, ha de llamar la atención, premisa que vamos a tener muy presente. Comencemos decidiendo tamaño y forma del objeto: en cuanto a lo primero, tengamos en cuenta que las formas básicas (cuadrado, círculo…) llaman menos la atención, de manera que vamos a troquelar la silueta de lo que deseamos promocionar.
Por ejemplo… “Embutidos Mariano”. Démosle a la base de nuestro imán, pues, la forma de... un chorizo, por poner un caso.
Imanes personalizados: sencillez y eficiencia publicitaria
Pensemos que nuestro recién creado chorizo va a colocarse, por regla general, sobre una superficie blanca o plateada, de modo que el color ha de destacar sobre ella.
En este caso, no hay demasiado problema: rojo. En cuanto al tamaño de nuestro imán personalizado, ha de ser suficiente para que se vea, pero no tanto como para que sea incómodo y, en lugar de ayudar a sujetar lo que se quiera sujetar en la nevera, acabe en la papelera. Ya tenemos la base: forma, tamaño y, de paso, color ¿Qué más? Pues el mensaje: hemos de pensar que debe ser visible e identificable. Hagámoslo, pues, breve y claro: el nombre de la marca y un número de teléfono… Forma, color, tamaño y mensaje: ¿Para qué más?
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